Arte

La torre de Santacara

Parece que en los siglos XI y XII las torres, como las del Castillo de Santacara, remataban en un sencillo almenado sin voladizo; esto es, sin resaltar exteriormente respecto al piano de los muros de la fábrica, como todavía se pueden ver en la del castillo de Cortes y en el lienzo que queda en pie de la de Santacara.
Ya en el siglo XIV se añaden torres ladroneras y buhardas, pequeños salientes a manera de matacanes, que generalmente defendían puertas y otros puntos estratégicos de la muralla. Se conserva alguna en los castillos de Cortes y Javier, muy restauradas, y restos de otra en las ruinas de la torre de Santacara. Las torres solían terminar en forma cuadrada o rectangular, como en Ujue, Artajona o Los Arcos; o bien rematar en una pequeña pirámide, llamada diente o albardilla, colocada sobre el merlón o almena propiamente dicha, de cuyo tipo todavía subsiste alguna en el lienzo mejor conservado de la arruinada torre de Santacara.
En el castillo de Santacara, se trabajaba en 1362 en "fazer una puent en la torre mayor del castillo"; el arco de la puerta es visible todavía hoy, a considerable altura, en el paño que aún permanece en pie. Martinez de Aguirre, “Arte y monarquía en Navarra”, p.222, dice como en aquella época las torres de Santacara o la desaparecida en La Guardia tenían cinco o seis cámaras o plantas.

En noviembre de 1365, Carlos II ordeno al alcaide de Santacara que pusiera en libertad a Juan Fernández de Castañares, al cual tenía preso equivocadamente, acusado del robo de tres bestias. Era alcaide entonces D. Gil de Desojo. En 1365, cuando a la muerte del alcaide Gil de Desojo, su hermano García Gil, canónigo de Roncesvalles, rindió el castillo de Santacara al rey Carlos II el cual dijo "Nos damos por quito al dicho alcayt et al dicho su hermano por eill". El sueldo que recibieron los alcaides del castillo en el siglo XIV fue de 6 libras y 30 cahíces en la primera mitad, y de menor cuantía a partir  de la nueva ordenanza de 1351: 4 libras y 20 cahíces.

El castillo de Santacara, en el año 1391, fue dado, junto con las pechas, a mosén Beltrán de Lacarra, caballero y camberlenc  "a tener e goardar aqueill sin retenencia alguna". En las mismas condiciones tenía también encomendado el castillo de Murillo el Fruto. El de San Martín de Unx lo guardaba mosén Charles de Beaumont, que disfrutaba las pechas de dicho lugar.

En abril de 1392, Carlos III ordenó que se pagase a Pero Gil de Solchaga la retenencia del Castillo de Santacara, que había guardado de agosto a noviembre del año anterior, a pesar de haber sido nombrado en su lugar Beltrán de Lacarra.

Ya en el siglo XV, en enero de 1402 tuvieron lugar en Cortes y en Mallen las vistas entre Carlos III y el rey de Aragón Martín el Humano, al objeto de casar al hijo de este, Martín de Sicilia, con una infanta de Navarra, resultando elegida Blanca, que el mes de noviembre del mismo año hacia su entrada en tierras sicilianas. Quedó estipulado en las capitulaciones que los castillos de Arguedas, Santacara, Murillo el Fruto y Gallipienzo quedasen en prenda de pago de la dote, de modo que si no se pagaba esta en el plazo de cuatro años, el aragonés los tomaría con sus rentas, pero sin que por ello pasasen a su poder. A tal efecto, en diciembre de 1404, presentaron homenaje al rey don Martín los alcaides afectados. En enero de 1430, la reina dona Blanca ordeno al recibidor que descontase de la pecha a los de Santacara 63 libras, mas el coste del acarreo de materiales y de los jornales de los braceros por poner a punto su castillo.

Ninguna relación de fortalezas. El de Mélida lo demolió el cantero Juan de Larrea, asistido por el capitán Guerrero, dando copia de la orden al escribano de la villa. Todavía a principios del siglo S. XVI, incluso posteriormente a la incorporación de Navarra a Castilla, los almadieros seguían entregando una fusta o madera por cada almadía a los alcaides, a su paso por los castillos de Santacara, Murillo el Fruto y Milagro. El alcaide de Sangüesa manifestó en su declaración que, un año con otro, pasaban 60 o 70 almadías, tomándose de cada una dos maderas, una grande y otra pequeña, por las fortalezas de Murillo y Santacara, con un precio medio de 3 reales y un producto anual de unos 30 ducados.

Con posterioridad a la anexión de Navarra a Castilla, en 1536, declaro el Real Consejo que Dª Graciana Díaz de Armendáriz, señora de Santacara y Castejón, no podía exigir derechos de castillaje a los almadieros ni a quienes pasaran ganados por el camino real. Respecto a la conservación de los castillos, no hace falta decir que los pocos castillos de los que hoy se mantienen en pie las ruinas, en mayor o menor grado de deterioro, como Falces, Milagro, Monjardín, Rada, Santacara, o Peña, a principios del siglo XIX se encontraban en mejor estado de conservación.

NOTA: Este pequeño trabajo sobre el castillo y la torre de Santacara no hace mas que recoger las referencias hechas sobre los mismos por D. Juan José Martinena Ruiz en su libro “Castillos Reales de Navarra. Siglos XIII-XVI”.  Espero y deseo que algún día sea alargado en profundidad por algún santacares.